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04/07/2026 11:34
Cada 7 de julio se rinde homenaje a Hugh H. Bennett y se analiza la importancia de proteger el recurso base de la producción nacional.
El 7 de julio no es una fecha más en el calendario productivo de la República Argentina. Se conmemora el Día de la Conservación del Suelo, una jornada establecida en homenaje al Dr. Hugh H. Bennett. Este científico estadounidense es reconocido globalmente como el padre de la conservación del suelo debido a sus incansables investigaciones y su capacidad para comunicar los peligros de la degradación de la tierra a legisladores y sociedades de todo el mundo. En nuestro país, esta efeméride tiene una importancia estratégica fundamental dada la alta dependencia de la economía nacional respecto a la producción agroindustrial y las exportaciones de granos.
La institucionalización de este día en el territorio nacional se remonta al 19 de diciembre de 1963. Fue el entonces presidente Arturo Illia quien, a través del Decreto 1574, oficializó la fecha. Esta iniciativa fue impulsada originalmente por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y contó con el respaldo decisivo del Secretario de Agricultura y Ganadería, el ingeniero agrónomo Walter Kugler. El decreto no solo buscaba recordar la figura de Bennett, sino también establecer una verdadera política de Estado sobre el cuidado del recurso natural más valioso y finito que posee el país.
El artículo 2 de dicho decreto establece obligaciones claras que aún mantienen su vigencia para el sector público y el sistema educativo:
Este marco legal subraya que la protección del suelo no es solo una tarea técnica para los ingenieros agrónomos, sino un compromiso social que debe involucrar a las nuevas generaciones.
En la actualidad, el desafío de conservar la salud del suelo es más urgente que nunca frente al cambio climático y la demanda global de alimentos. Empresas multinacionales como Bunge han reportado niveles récord de exportación de granos durante el primer semestre de 2026, lo que evidencia la presión constante a la que se someten las tierras cultivables argentinas. La intensificación de la agricultura sin prácticas de rotación adecuadas o sin la reposición necesaria de nutrientes mediante fertilización balanceada puede conducir a una degradación irreversible de la estructura del suelo.
Para Argentina, mantener la competitividad global en el sector agropecuario requiere una inversión constante en tecnología aplicada y buenas prácticas agrícolas. La implementación masiva de la siembra directa, el uso estratégico de cultivos de cobertura y el monitoreo satelital son herramientas esenciales. Solo mediante un manejo responsable se podrá garantizar que las futuras generaciones cuenten con un suelo fértil, capaz de sostener el motor económico de la nación.