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04/07/2026 07:56

El auge de la tecnología en el cultivo de girasol promete una revolución productiva

Especialistas analizan los factores clave para cerrar la brecha de rendimiento en la oleaginosa

El auge de la tecnología en el cultivo de girasol promete una revolución productiva

El panorama del sector agropecuario argentino está siendo testigo de una transformación significativa en uno de sus cultivos más tradicionales. Durante décadas, el girasol fue relegado a los lotes de menor calidad, conocidos popularmente como los peores potreros del campo. En estas superficies, la inversión era mínima y la fertilización prácticamente nula, lo que resultaba en rendimientos apenas aceptables. Sin embargo, este escenario ha comenzado a cambiar drásticamente debido a un repunte en los precios internacionales de la oleaginosa, lo que ha incentivado a los productores a integrar tecnología de última generación y a destinar mejores tierras para su siembra.

El impacto de la nutrición en la brecha de rendimiento

A pesar de este renovado interés, la intensificación agronómica ha puesto de manifiesto nuevas limitantes que deben ser abordadas para alcanzar el máximo potencial productivo. En el marco del Congreso Puro Girasol, una iniciativa estratégica impulsada por la empresa Advanta, diversos expertos discutieron las herramientas necesarias para potenciar la rentabilidad. Uno de los puntos centrales del debate fue la existencia de una marcada brecha tecnológica que impide al país alcanzar su techo productivo en esta materia.

Según explicó Diego Rotilli, docente e investigador de la Universidad Nacional de La Pampa, la brecha entre el rendimiento potencial y el que se obtiene actualmente como promedio nacional oscila entre el 30% y el 35%, dependiendo de la zona geográfica analizada. A modo de ejemplo, el especialista señaló que en regiones como el oeste de la provincia de Buenos Aires, el girasol tiene la capacidad biológica de rendir hasta 3,5 toneladas por hectárea, mientras que la media regional actual se sitúa apenas en las 2,4 toneladas. Esta diferencia representa una oportunidad económica perdida que podría revertirse con un manejo agronómico más preciso y profesionalizado.

Para cerrar esta distancia, es imperativo atender los factores que limitan el crecimiento de las plantas. Los expertos coinciden en que la nutrición es el pilar fundamental para este salto cualitativo. Entre los puntos críticos identificados se encuentran:

  • Deficiencia de fósforo: Es uno de los principales obstáculos en la nutrición inicial del cultivo, afectando el desarrollo de las raíces.
  • Disponibilidad de nitrógeno: Resulta esencial para garantizar un crecimiento foliar óptimo y una mayor capacidad de fotosíntesis.
  • Manejo del cultivo antecesor: La rotación inteligente de cultivos permite una mejor disponibilidad de nutrientes y agua en el perfil del suelo.
  • Fecha de siembra y control sanitario: La elección del momento oportuno para sembrar y el monitoreo constante de insectos y hongos son determinantes para proteger el rinde.

Finalmente, los especialistas resaltaron que el girasol ya no debe ser visto como un cultivo de segunda categoría. Con la aplicación de biotecnología, un manejo adecuado del suelo y una fertilización balanceada, el cultivo está posicionado para competir cara a cara con otras opciones de verano como la soja o el maíz, garantizando una mayor sostenibilidad y rentabilidad para los productores agropecuarios argentinos.

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