Exterior
30/06/2026 00:40
Los familiares denuncian abandono estatal mientras se desvanecen las esperanzas de hallar supervivientes bajo los escombros
Cinco días han transcurrido desde que el doble seísmo sacudiera el norte de Venezuela, y el ambiente en las zonas afectadas ha dado un giro dramático. Lo que inicialmente era un profundo dolor por la pérdida y la incertidumbre se ha transformado en una rabia contenida que amenaza con desbordarse. En ciudades como Caracas y las localidades costeras, las posibilidades de hallar señales de vida bajo las inmensas losas de cemento son cada vez más remotas. Los vecinos, agotados tras jornadas de vigilia sin descanso, denuncian un sentimiento de abandono absoluto por parte de las instituciones. Muchos no se han movido de los alrededores de los edificios colapsados, convencidos de que sus seres queridos siguen allí, aunque la lógica dicte que las probabilidades de supervivencia son mínimas.
La frustración de los ciudadanos no solo se dirige hacia la lentitud de los equipos de rescate, sino que ha escalado hasta el ámbito político. El Gobierno de Delcy Rodríguez, que actualmente administra el país bajo un esquema de cooperación con Estados Unidos tras la caída de Nicolás Maduro, enfrenta una de sus crisis más severas. Los críticos señalan que la transición política no ha servido para fortalecer los protocolos de gestión de catástrofes. La falta de maquinaria pesada y la desorganización en el despliegue de ayuda humanitaria son los principales puntos de fricción. Entre las quejas más recurrentes de los damnificados destacan:
A pesar del despliegue militar, la percepción ciudadana es que la ayuda llega tarde y mal. El olor a muerte comienza a impregnar el aire en los barrios más castigados, y con él, se intensifican los reclamos de justicia y eficiencia. La situación es crítica, pues el país intenta reconstruirse de una crisis política previa mientras lidia con la mayor tragedia natural de su historia reciente. Las próximas horas serán determinantes para evitar que la tensión social derive en disturbios mayores, mientras las autoridades intentan agilizar el levantamiento de escombros en medio de una infraestructura logística totalmente superada por la magnitud del desastre y la precariedad de los servicios públicos.