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27/06/2026 18:20
Recordamos el desafío que significó para la conductora ser la única mujer al frente del emblemático ciclo de humor político
La trayectoria de Ernestina Pais en la televisión argentina cuenta con hitos que marcaron un antes y un después en la industria de los medios de comunicación. Uno de los momentos más significativos y desafiantes de su carrera profesional fue, sin lugar a dudas, su incorporación como conductora principal de Caiga quien caiga (CQC). En un formato televisivo que históricamente estuvo dominado por hombres, su llegada representó una ruptura total de paradigmas y un acto de valentía profesional que hoy se recuerda con profunda admiración por parte de sus colegas.
Asumir el liderazgo de un programa tan consolidado y con una identidad tan marcada como CQC no era una tarea sencilla para nadie. Ernestina no solo debía ocupar el lugar físico dejado por Mario Pergolini, el creador y alma mater del ciclo, sino que debía hacerlo en un contexto cultural donde el humor ácido, la ironía y la política parecían ser terrenos exclusivos del género masculino. A pesar de las dudas iniciales de una parte de la audiencia y de los prejuicios de algunos sectores de la prensa especializada, ella aceptó el reto con la determinación y el profesionalismo que siempre la caracterizó.
Su paso por el programa es recordado como una de las etapas de transición más exitosas y comentadas de la pantalla local. Ernestina logró imprimirle su propio sello al programa, aportando una mirada fresca y sagaz sin perder la esencia irreverente que hacía único al formato de la productora Cuatro Cabezas. Con su característico saco negro, camisa blanca y anteojos oscuros, demostró que la agudeza mental y el timing televisivo no conocen de géneros. Los hitos más relevantes de su participación incluyen:
La propia Ernestina Pais recordaba frecuentemente su experiencia en CQC como "una maravilla" y un punto de inflexión en su vida. A pesar de las tensiones lógicas que implica un cambio de liderazgo de esa magnitud en el prime time, la conductora siempre destacó el enorme aprendizaje obtenido y el orgullo de haber abierto puertas para otras mujeres en espacios de opinión y humor político. Su capacidad para manejar la ironía fina y entrevistar a figuras de alto perfil político con solvencia fue la clave para que el público finalmente le otorgara un aplauso cerrado y la validara como la sucesora natural de un ícono. Hoy, su legado permanece como un testimonio de audacia y excelencia profesional.