Ciencia
25/06/2026 15:00
El hallazgo de un bosque fósil demuestra que las plantas con flores dominaban el Cretácico mucho antes de lo previsto
Un descubrimiento arqueológico sin precedentes en el campo de la paleobotánica ha sacudido los cimientos de lo que sabíamos sobre la evolución de la vida en la Tierra. Se trata de una Pompeya vegetal, un bosque fósil datado hace 74 millones de años que ha permitido a los científicos reescribir la cronología del dominio de las plantas con flores. Este hallazgo desafía la creencia establecida de que las angiospermas fueron actores secundarios durante la era de los dinosaurios, demostrando que su éxito ecológico comenzó mucho antes de la gran extinción masiva.
Hasta hace muy poco, la comunidad científica sostenía que las angiospermas habían tenido un inicio humilde y discreto. Se pensaba que, durante gran parte del Cretácico, estos organismos vivían a la sombra de gigantes como las coníferas, los helechos y las cícadas, similares a las palmeras actuales. Sin embargo, los restos hallados en este nuevo yacimiento demuestran una realidad biológica muy distinta: un ecosistema vibrante donde las flores ya eran las protagonistas absolutas del paisaje. Este cambio de paradigma sugiere varios puntos clave para la ciencia moderna:
El término utilizado por los expertos, Pompeya vegetal, no es una exageración literaria. Al igual que la ciudad romana quedó congelada en el tiempo por la ceniza volcánica, este bosque fue preservado de forma excepcional tras un evento geológico repentino, permitiendo observar estructuras celulares y reproductivas casi intactas que normalmente se habrían descompuesto. Gracias a este estado de conservación único, los investigadores han podido identificar miles de semillas y estructuras protectoras denominadas diásporas, que son fundamentales para entender cómo se propagaban estas especies.
La importancia de las angiospermas en la biodiversidad actual es innegable, representando cerca del 90% de las especies vegetales terrestres que conocemos hoy. Comprender que su dominio global comenzó millones de años antes de lo previsto obliga a los biólogos y paleontólogos a replantear cómo evolucionaron los grandes herbívoros de la época y cómo se configuraron las redes tróficas del pasado. Este bosque fósil no es solo una ventana al pasado remoto, sino una prueba fehaciente de que la naturaleza aún guarda secretos capaces de transformar nuestra comprensión de la historia biológica del planeta.