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22/06/2026 00:30

Los riesgos del sharenting y la privacidad infantil en redes sociales

Por qué compartir fotos de tus hijos en internet puede comprometer su seguridad futura

Los riesgos del sharenting y la privacidad infantil en redes sociales

La huella digital que los padres crean sin consentimiento

En la era de la hiperconectividad, el fenómeno conocido como sharenting —el acto de compartir de forma recurrente imágenes y datos de menores en redes sociales— se ha convertido en una práctica habitual entre las familias modernas. Aunque la inmensa mayoría de los padres lo hace movidos por el orgullo y el afecto, esta exposición constante en plataformas digitales conlleva peligros estructurales que a menudo pasan desapercibidos en el día a día. La privacidad infantil no es solamente un derecho ético fundamental, sino una necesidad imperativa de seguridad en un ecosistema digital donde la información nunca desaparece por completo y puede ser recuperada años después.

Uno de los mayores riesgos identificados por los expertos en ciberseguridad es la creación de una huella digital temprana y profunda. Antes de que un niño tenga la capacidad cognitiva para decidir sobre su propia imagen o reputación digital, ya existe un rastro detallado de su vida, gustos y rutinas en la red. Esto puede incluir desde el centro educativo donde estudia hasta sus lugares de ocio favoritos, lo que facilita el rastreo por parte de terceros con intenciones maliciosas. Además, estas imágenes pueden ser extraídas de perfiles aparentemente seguros para ser utilizadas en contextos ajenos a la voluntad familiar, alimentando bases de datos de reconocimiento facial o incluso mercados ilegales de intercambio de contenido sensible.

Para proteger de manera efectiva a los menores en este entorno, es fundamental que los adultos responsables sigan algunas pautas básicas de seguridad preventiva:

  • Configurar estrictamente los perfiles de redes sociales como privados y realizar auditorías periódicas de la lista de seguidores.
  • Evitar compartir fotografías donde aparezcan elementos identificativos como uniformes escolares, fachadas de viviendas o placas de vehículos.
  • Utilizar herramientas de edición para pixelar el rostro de los niños o priorizar ángulos donde no sean fácilmente reconocibles.
  • Establecer acuerdos con otros familiares y amigos para que no publiquen imágenes de los menores sin un consentimiento explícito previo.

La seguridad en línea también posee un componente psicológico y de desarrollo personal. Al alcanzar la adolescencia, muchos jóvenes pueden sentirse invadidos en su intimidad al descubrir que cada hito de su infancia ha sido documentado públicamente sin que ellos tuvieran voz ni voto en el proceso. Fomentar una cultura de respeto digital desde el núcleo del hogar es el primer paso necesario para garantizar que los menores tengan un desarrollo sano, equilibrado y, sobre todo, protegido. No se trata de prohibir de forma tajante el uso de la tecnología, sino de gestionar la información de manera ética y responsable, priorizando siempre el bienestar del menor frente a la gratificación instantánea de la interacción social. La educación digital de los padres constituye, actualmente, la mejor herramienta de defensa para las nuevas generaciones.

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