Exterior
23/06/2026 09:49
El conflicto entre pastores y agricultores en el estado de Plateau se recrudece por la presión del extremismo yihadista
La región central de Nigeria ha vuelto a ser el escenario de una tragedia humanitaria que pone de manifiesto la extrema fragilidad de la seguridad en el país más poblado de África. Un ataque armado indiscriminado en el pueblo de Kawel, situado en el conflictivo estado de Plateau, se saldó recientemente con la muerte de más de veinte personas. Entre las víctimas fatales se encuentran no solo civiles que realizaban sus labores cotidianas, sino también un trabajador sanitario dedicado y varios pacientes que estaban siendo atendidos en el centro médico local en el momento de la incursión. Este suceso subraya la creciente brutalidad de los grupos armados que operan en la zona, quienes ya no distinguen entre objetivos estratégicos y personal civil o humanitario.
La violencia persistente en el cinturón medio de Nigeria, conocido internacionalmente como el Middle Belt, posee raíces históricas profundas que mezclan tensiones étnicas con disputas materiales por los recursos naturales. Tradicionalmente, este enfrentamiento ha confrontado a los pastores de la etnia peul, mayoritariamente nómadas y de religión musulmana, con las comunidades de agricultores sedentarios, en su mayoría de fe cristiana. El impacto severo del cambio climático y la desertificación acelerada del norte del país han empujado a los pastores hacia el sur en busca de tierras fértiles y agua, intensificando la competencia por el suelo. Lo que en sus inicios eran choques aislados por el paso del ganado se ha transformado en un conflicto armado a gran escala con peligrosos tintes religiosos y políticos.
Un factor determinante en el agravamiento reciente de esta situación es la creciente influencia de grupos yihadistas que originalmente operaban solo en el noreste de Nigeria. Estas organizaciones terroristas han sabido capitalizar el descontento local y las brechas en la arquitectura de seguridad estatal para expandir su radio de acción hacia el centro del país. La infiltración de armamento sofisticado y la adopción de tácticas de guerrilla urbana han elevado significativamente el nivel de letalidad de los ataques, dificultando enormemente la respuesta del ejército y la policía federal. La población civil de Plateau se encuentra ahora atrapada en un fuego cruzado entre las milicias comunitarias de autodefensa y la amenaza terrorista global.
La respuesta de las autoridades de Nigeria sigue siendo objeto de duras críticas por parte de organizaciones internacionales de derechos humanos. A pesar de las constantes promesas gubernamentales de aumentar el despliegue de fuerzas de seguridad, las matanzas continúan ocurriendo con una regularidad alarmante que desmoraliza a la sociedad civil. La falta de justicia efectiva y la impunidad de la que gozan muchos de los perpetradores de estas masacres alimentan un ciclo interminable de venganzas que desangra a la región. Sin un diálogo nacional genuino que resuelva las disputas territoriales y una estrategia antiterrorista coordinada, el centro de Nigeria corre el riesgo de convertirse en un territorio sin ley donde la vida humana pierda todo su valor.