Campo
21/06/2026 14:45
Con un sistema de dry lot y tres ordeños diarios, el establecimiento en Porteña logra rendimientos excepcionales de 38 litros por vaca.
La historia de la familia Monzoni en la provincia de Córdoba es un testimonio de resiliencia y adaptación tecnológica frente a las presiones económicas del sector agropecuario argentino. Lo que comenzó a finales del siglo XIX con la llegada de un inmigrante lombardo al departamento San Justo, se ha transformado hoy en un modelo de eficiencia productiva que desafía los métodos tradicionales de lechería. Marcos y Fabio Monzoni, representantes de la actual generación al frente de la empresa, lideran un establecimiento que ha hecho de la intensificación su bandera principal para garantizar la sostenibilidad de tres familias.
El corazón de la operación se encuentra en Porteña, donde gestionan un total de 800 hectáreas. A diferencia del modelo pastoril extensivo predominante en décadas pasadas, los Monzoni implementaron un sistema de dry lot. En este esquema, la hacienda permanece confinada en piquetes diseñados estratégicamente con comederos a cielo abierto. Este cambio no fue una simple preferencia técnica, sino una necesidad de supervivencia ante la escala limitada de tierra que recibieron tras una división familiar en 2007. En aquel entonces, contaban con apenas 100 hectáreas y 120 vacas, una estructura insuficiente para los desafíos del mercado moderno.
La implementación del sistema intensivo ha permitido alcanzar cifras que sitúan al establecimiento entre los más destacados de la región. Actualmente, el rodeo lechero se compone de aproximadamente 620 vacas en producción, logrando un promedio anual de 38 litros por animal cada día. Este rendimiento excepcional se sostiene sobre tres pilares fundamentales:
El planteo mixto de la firma combina la producción de granos con la lechería. El maíz y la soja cosechados tienen un doble propósito: gran parte se destina a la alimentación de las tamberas para cerrar el ciclo productivo, mientras que el excedente se comercializa en el mercado de granos. Esta diversificación permite amortiguar la volatilidad de los precios internacionales y locales. La transición de un tambo tradicional a una empresa de alta tecnología demuestra que la escala no siempre se mide en hectáreas, sino en la eficiencia del uso de los recursos disponibles y la capacidad de innovar ante la adversidad económica.