Policiales
18/06/2026 21:47
Las investigaciones forenses confirmaron que Fernando Artaza se quitó la vida utilizando el arma reglamentaria de su pareja
El caso de Fernando Artaza, el hombre oriundo de la provincia de Córdoba que fue hallado sin vida en una cochera ubicada en pleno centro de la ciudad de Mendoza, ha llegado a una conclusión determinante tras semanas de incertidumbre y rigurosa investigación. La causa, que en un principio mantuvo bajo la lupa a su pareja, una mujer perteneciente a la fuerza policial mendocina, logró esclarecerse gracias al trabajo minucioso del Cuerpo Médico Forense y de los peritos en criminalística que intervinieron en la escena del hecho. La muerte, que inicialmente fue tratada bajo los protocolos más estrictos de investigación criminal dada la propiedad del arma, ha sido finalmente calificada como un suicidio por las autoridades judiciales.
El cuerpo de Artaza fue descubierto en una cochera privada, en medio de un escenario que generó sospechas inmediatas por parte de los primeros efectivos que llegaron al lugar. La presencia de un arma reglamentaria de la Policía de Mendoza junto al cuerpo fue el factor desencadenante de una investigación profunda y compleja. Su novia, propietaria de la pistola 9 milímetros, fue demorada inicialmente mientras se realizaban las pruebas de barrido electrónico (dermotest) y se analizaban minuciosamente las cámaras de seguridad públicas y privadas de la zona. Las pericias balísticas y el análisis de la trayectoria del disparo fueron fundamentales para descartar la participación de una segunda persona en el momento preciso de la detonación.
A lo largo del proceso judicial, se recolectaron diversos elementos probatorios que permitieron a los investigadores reconstruir las últimas horas de vida del fallecido. Entre los puntos clave que determinaron el cierre de la investigación y el descarte de la hipótesis de homicidio se encuentran:
A pesar de la resolución técnica del caso, el hecho generó un fuerte debate social sobre el resguardo de las armas reglamentarias por parte del personal de seguridad en sus domicilios particulares y la accesibilidad de las mismas para terceros. Los investigadores determinaron que Artaza tuvo acceso al arma de su pareja en un momento de crisis extrema, lo que desembocó en el fatal desenlace que conmocionó tanto a Mendoza como a su Córdoba natal. La mujer policía fue sobreseída de cualquier responsabilidad penal directa en el fallecimiento, aunque el hecho ha dejado una marca profunda en su carrera institucional y vida personal. La fiscalía interviniente ha dado por concluido el expediente, ratificando que las pruebas científicas son contundentes y no dejan lugar a dudas razonables sobre la naturaleza de la muerte del cordobés.