Campo
13/06/2026 20:24
Expertos analizan la brecha tecnológica en la producción de girasol y cómo la nutrición de suelos puede aumentar la rentabilidad en el campo argentino
El girasol en Argentina atraviesa una etapa de transformación profunda que promete redefinir su lugar en la rotación agrícola tradicional. Históricamente relegado a los suelos de menor aptitud productiva y manejado con niveles mínimos de fertilización, este cultivo está experimentando un renovado interés gracias a la mejora en los precios internacionales y la incorporación de biotecnología de punta. Durante el reciente Congreso Puro Girasol, un evento organizado por la empresa Advanta con el fin de potenciar la rentabilidad sectorial, se debatió intensamente sobre la necesidad de un reseteo productivo que permita aprovechar al máximo el potencial genético de las semillas actuales.
Uno de los puntos más preocupantes expuestos por los especialistas es la brecha de rendimiento que existe actualmente en el territorio nacional. Según Diego Rotilli, docente e investigador de la Universidad Nacional de La Pampa, la diferencia entre lo que el cultivo podría rendir en condiciones ideales y lo que efectivamente se cosecha a nivel país oscila entre el 30% y el 35%. Por ejemplo, en zonas clave como el oeste de la provincia de Buenos Aires, el potencial se ubica en las 3,5 toneladas por hectárea, mientras que el promedio de los productores regionales apenas alcanza las 2,4 toneladas. Esta disparidad representa una oportunidad perdida de crecimiento económico para el sector agroindustrial.
Para acortar esta distancia tecnológica, es imperativo que los productores ajusten el manejo nutricional de sus lotes. La intensificación agronómica no solo requiere mejores suelos, sino también una inversión consciente en insumos clave que garanticen la salud de la planta desde su emergencia hasta la madurez fisiológica. Los expertos coinciden en que el girasol ya no puede ser visto simplemente como un cultivo de supervivencia o de baja inversión, sino como una unidad de negocio de alta respuesta tecnológica que premia el manejo eficiente.
Entre los factores determinantes para elevar los techos productivos y mejorar la rentabilidad se encuentran los siguientes puntos críticos analizados por los especialistas:
El camino hacia un girasol de alta productividad requiere un cambio de mentalidad en toda la cadena de valor. La integración de herramientas digitales para el monitoreo y la fertilización variable asoman como el próximo paso necesario para los establecimientos que buscan liderar el mercado. Al corregir las deficiencias nutricionales históricas y optimizar la densidad de siembra, el campo argentino podría posicionarse nuevamente como un referente global en la producción de esta oleaginosa, recuperando hectáreas valiosas con resultados económicos sumamente competitivos.