Campo
11/06/2026 18:42
La derogación de normativas obsoletas busca modernizar la protección de innovaciones en la agricultura argentina
En un movimiento estratégico para el sector agroindustrial, el Gobierno nacional ha decidido derogar una normativa que estuvo vigente durante 25 años, la cual imponía mecanismos especiales de intervención sobre los criterios de patentabilidad de materia viva y sustancias naturales. Esta decisión, formalizada a través de la Resolución Conjunta 1/2026 de las Secretarías de Agricultura e Industria, representa un hito en la búsqueda por desburocratizar los procesos de innovación biotecnológica en el país. Según fuentes oficiales, esta medida es el primer paso de una reforma más profunda orientada a fortalecer la protección de los desarrollos científicos aplicados al campo.
La normativa eliminada corresponde a las resoluciones conjuntas 99/2001 y 810/2001. Dichas normas habían establecido la creación de un Grupo de Trabajo Permanente en Propiedad Intelectual, conformado por diversos organismos estatales como el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI), el Instituto Nacional de Semillas (Inase), el Senasa y el INTA. Si bien el objetivo inicial de este grupo era coordinar criterios, en la práctica se había convertido en una instancia administrativa adicional que ralentizaba la aprobación de patentes para innovaciones de punta.
El argumento central del Ejecutivo para proceder con esta derogación es que el esquema anterior introducía rigideces innecesarias. Al exigir la conformidad de la Secretaría de Agricultura para cualquier modificación en los criterios de patentabilidad, se dificultaba la actualización técnica frente a los vertiginosos avances científicos y jurídicos globales. En un contexto donde la biotecnología agrícola es clave para la competitividad argentina, simplificar estos procesos se vuelve imperativo para atraer inversiones y fomentar el desarrollo local de semillas y productos biológicos.
Desde el sector privado, la medida ha sido recibida con optimismo. Las empresas de biotecnología consideran que las restricciones anteriores limitaban la protección efectiva de sus invenciones, lo que ponía a la Argentina en una situación de desventaja frente a otros mercados productores de alimentos. La eliminación de este "filtro" político-administrativo permite que los criterios técnicos de organismos especializados como el INPI vuelvan a ser la referencia principal, alineándose con estándares internacionales de propiedad intelectual.
Este cambio de paradigma también responde a una necesidad de aliviar la carga sobre el sector agropecuario. Mientras se discuten reformas estructurales, se han puesto de manifiesto las disparidades fiscales que enfrenta el campo, donde un productor bonaerense puede llegar a pagar significativamente más impuestos que uno de Santa Fe. En este escenario de alta presión impositiva, facilitar el acceso a tecnologías protegidas y fomentar la seguridad jurídica para los inventores se presenta como una herramienta de compensación para mejorar la productividad por hectárea.
En los próximos días, se espera la publicación de nuevas normativas que terminen de definir el nuevo escenario para la evaluación de innovaciones. El objetivo final es que Argentina cuente con un sistema de patentes ágil y robusto, capaz de respaldar el talento de sus científicos y la potencia de su industria agrícola en un mercado global cada vez más exigente.