Exterior
09/06/2026 16:12
La muerte de Lahbib M. Abdelaziz mediante un ataque con drones altera el escenario de sucesión y desafía los esfuerzos de mediación de la ONU
El conflicto por el Sáhara Occidental ha dado un vuelco determinante tras la reciente operación militar de Marruecos, que ha logrado descabezar una parte fundamental de la estructura política y militar del Frente Polisario. Mediante el uso de tecnología avanzada de drones de última generación, las fuerzas marroquíes han confirmado la neutralización de Lahbib M. Abdelaziz, una figura ascendente dentro de la organización independentista e hijo de uno de sus fundadores más emblemáticos. Este ataque representa un golpe estratégico de primer orden, ya que Abdelaziz era visto unánimemente como el relevo natural para la actual cúpula del movimiento, actualmente liderada por un veterano Brahim Gali que, a sus 80 años, afronta un tercer mandato consecutivo en un contexto de creciente presión militar.
La capacidad operativa demostrada por el Reino de Marruecos en esta operación no es fruto del azar, sino de una inversión sostenida en modernización bélica durante las últimas décadas. Rabat ha logrado consolidar una flota de más de 230 vehículos aéreos no tripulados, adquiridos a diversos proveedores internacionales, lo que le otorga una ventaja táctica casi absoluta sobre el terreno desértico. Esta superioridad aérea ha permitido a las fuerzas marroquíes implementar una estrategia basada en varios pilares fundamentales:
La desaparición de Abdelaziz se produce en un momento de gran delicadeza diplomática, coincidiendo con la gira de mediación de Staffan de Mistura, el enviado especial de la ONU para el Sáhara Occidental. Los esfuerzos del diplomático por reactivar las mesas de diálogo se ven ahora entorpecidos por un escenario de hostilidades abiertas donde la superioridad técnica de Marruecos es incontestable. Para Rabat, esta acción es una exhibición de músculo que reafirma su control efectivo sobre lo que considera su provincia número 53, mientras que para el Polisario supone un reto existencial sobre cómo gestionar una sucesión que ahora queda truncada. La comunidad internacional observa con cautela cómo este desequilibrio militar redefine las posibilidades de una solución política, en un conflicto que se encamina hacia su quinta década sin una resolución definitiva a la vista.