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09/06/2026 00:30

Bego Antón y la revisión fotográfica de la caza de brujas en el País Vasco

La artista bilbaína explora los mitos y la realidad de las mujeres perseguidas durante los siglos XVI y XVII

Bego Antón y la revisión fotográfica de la caza de brujas en el País Vasco

La historia, tradicionalmente escrita por quienes ostentan el poder, ha dejado tras de sí una estela de relatos distorsionados y estereotipos profundamente arraigados. Uno de los arquetipos más injustamente retratados es el de la bruja. Durante siglos, la imagen de la mujer malvada y encorvada dominó el imaginario colectivo, pero en la actualidad, una nueva ola de artistas e investigadoras está desmontando estos clichés. Entre ellas destaca la fotógrafa bilbaína Bego Antón, ganadora del Premio Revelación de PHotoEspaña en 2017, quien ha dedicado gran parte de su carrera a explorar comunidades y creencias que habitan en los márgenes de la normalidad. Su trabajo sobre la caza de brujas en el País Vasco es un ejercicio de justicia poética y documental que arroja luz sobre un periodo oscuro de nuestra historia.

En sus investigaciones, Antón revela que la caza de brujas no fue un fenómeno aislado ni producto de la superstición inocente, sino un sistema de control social y de género. Durante los siglos XVI y XVII, cualquier mujer podía ser señalada. Bastaba un rumor, una envidia vecinal o un comportamiento ligeramente desviado de las normas religiosas para activar la maquinaria inquisitorial. Lo más desgarrador del proceso era el uso sistemático de la tortura. Bajo una presión física y psicológica insoportable, las acusadas no solo confesaban crímenes inexistentes, sino que eran obligadas a delatar a otras cinco personas, perpetuando un ciclo de terror que diezmó comunidades enteras de mujeres.

La mirada fotográfica frente al estigma histórico

El enfoque de Bego Antón combina el rigor del fotoperiodismo con una sensibilidad estética que permite conectar con el dolor y la resiliencia de aquellas mujeres. En lugar de reproducir la iconografía clásica del terror, Antón busca reconstruir la atmósfera de sospecha y la vulnerabilidad de las víctimas. Su obra se suma a un movimiento cultural más amplio donde otras autoras han explorado la figura de la mujer perseguida desde la ficción y la crónica, aportando una visión mucho más humana y compleja de estos sucesos históricos.

Para entender la magnitud de esta revisión histórica, es necesario considerar los siguientes puntos clave presentes en la obra de la fotógrafa:

  • El papel del entorno rural: La geografía vasca no solo es el escenario, sino un personaje más que influye en la atmósfera de sus fotografías y en la narrativa del aislamiento.
  • La desmitificación del mal: Antón demuestra que las acusadas eran simplemente vecinas, madres y trabajadoras, lejos de la caricatura sobrenatural creada por la Inquisición.
  • El impacto de la delación: Sus imágenes sugieren la profunda ruptura del tejido social provocada por las denuncias obligatorias obtenidas bajo tortura extrema.
  • La recuperación de la voz: A través de la imagen contemporánea, se devuelve simbólicamente la dignidad a quienes fueron silenciadas por el fuego o la horca en épocas pasadas.

El trabajo de Bego Antón no solo es una crónica del pasado, sino una advertencia sobre cómo los prejuicios pueden escalar hasta la violencia institucionalizada. Al centrarse en lo que está fuera de la norma, la fotógrafa bilbaína logra que el espectador cuestione las narrativas oficiales y se pregunte cuántas otras historias permanecen ocultas bajo el peso de la tradición. En un mundo donde los estereotipos de género aún persisten en diversas formas, revisitar la caza de brujas se vuelve una tarea esencial para comprender las raíces de la exclusión y la importancia de la memoria histórica en la fotografía documental moderna.

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