Tecnología
09/06/2026 00:30
La jurista destaca el registro de voz de Taylor Swift como una medida clave ante el entrenamiento de modelos generativos
La jurista Eleonora Rosati, experta en propiedad intelectual, ha puesto de manifiesto la creciente preocupación de los creadores ante el avance imparable de la inteligencia artificial generativa. En un entorno donde modelos como ChatGPT o Claude se nutren de vastas bases de datos, los artistas buscan mecanismos legales para salvaguardar su identidad y obra. Uno de los ejemplos más destacados es el de Taylor Swift, quien ya ha registrado su propia voz como marca para evitar usos no autorizados mediante tecnologías de clonación sintética y deepfakes.
El núcleo del problema reside en la denominada fase de entrenamiento de los sistemas de inteligencia artificial. Para que una herramienta sea funcional, necesita procesar millones de documentos, imágenes, canciones y grabaciones. Empresas como OpenAI, Anthropic o Microsoft han construido sus modelos basándose en este material, a menudo sin compensar económicamente a los autores originales. Profesionales de diversos sectores, desde traductores hasta ilustradores, consideran que este proceso constituye una vulneración de sus derechos fundamentales.
Rosati insiste en que no se trata solo de una cuestión monetaria, sino de la integridad moral de la obra artística. Cuando un algoritmo imita el estilo de un pintor o la cadencia de un escritor, está diluyendo el valor del esfuerzo humano acumulado durante años. Por ello, las medidas preventivas como el registro de marcas personales se están convirtiendo en la primera línea de defensa para celebridades y creadores independientes por igual.
A pesar de los desafíos técnicos, la jurista señala que el marco legal debe evolucionar con rapidez para evitar un vacío que perjudique a la cultura. La industria tecnológica argumenta que el acceso a estos datos entra dentro del concepto de minería de textos, pero los tribunales internacionales están empezando a cuestionar esta premisa. La protección de la propiedad intelectual en la era digital requerirá un equilibrio delicado entre la innovación y el respeto al derecho de autor.