Campo
07/06/2026 22:37
Cómo un sistema de dry lot y una gestión intensiva permitieron alcanzar niveles de producción récord en el departamento San Justo
En el corazón productivo de la provincia de Córdoba, la familia Monzoni ha logrado reinventar una tradición centenaria para convertirla en un modelo de eficiencia lechera de vanguardia. Marcos y Fabio Monzoni lideran hoy un establecimiento que es referencia obligada en la región de Porteña, dentro del departamento San Justo. Su éxito actual no es fruto del azar, sino de una decisión valiente tomada hace años: la implementación de un sistema de producción intensivo bajo la modalidad de dry lot, que ha permitido maximizar cada recurso disponible.
A diferencia del pastoreo tradicional a campo abierto, el sistema dry lot consiste en mantener a la hacienda en piquetes controlados, donde los animales permanecen confortables y reciben una alimentación balanceada directamente en comederos. Este modelo permite un control riguroso de la dieta diaria y evita el gasto energético innecesario de las vacas en busca de alimento. En las 800 hectáreas que maneja la firma, los resultados productivos son contundentes: alcanzan un promedio anual de 38 litros de leche por vaca por día, una cifra que se sitúa muy por encima de la media nacional.
La estrategia productiva de los hermanos Monzoni se basa en pilares fundamentales:
Actualmente, el rodeo lechero cuenta con aproximadamente 620 vacas en producción activa, sostenidas por un planteo mixto que combina la agricultura de precisión con la zootecnia avanzada. Esta sinergia operativa permite que la empresa familiar sea resiliente ante las fluctuaciones de precios del mercado lácteo.
La historia de los Monzoni en tierras argentinas se remonta a 1889, cuando su tatarabuelo llegó desde la región de Lombardía, Italia, para asentarse en San Justo. A lo largo de las décadas, el tambo fue el motor de la familia, pero el camino no siempre fue sencillo. En el año 2007, tras una crisis familiar y la reorganización de los activos de sus padres, Fabio y Marcos regresaron al campo para hacerse cargo de una estructura que en ese entonces solo contaba con 100 hectáreas y 120 vacas. Fue en ese momento crítico donde decidieron apostar por la profesionalización absoluta y el crecimiento de escala. Lo que comenzó como una necesidad de supervivencia se transformó, casi dos décadas después, en una empresa agropecuaria moderna que honra su herencia inmigrante mediante la innovación constante y el compromiso con la excelencia en el sector lechero argentino.