Tecnología
04/06/2026 00:30
La economista analiza cómo las grandes tecnológicas ejercen un poder estructural sobre los países del sur global
La economista argentina Cecilia Rikap plantea una visión crítica y necesaria sobre la infraestructura que sostiene la era digital contemporánea. En su reciente obra, titulada Teoría de la dependencia digital, Rikap establece un paralelismo inquietante: los centros de datos operados por las grandes tecnológicas se asemejan a bases militares ubicadas en territorio extranjero. Esta comparación no es meramente metafórica, sino que describe una realidad de ocupación de recursos y ejercicio de poder que trasciende las fronteras nacionales tradicionales y redefine el concepto de soberanía.
A sus 42 años, Rikap se ha consolidado como una de las voces más influyentes para entender las dinámicas de poder del capitalismo de plataformas actual. Su análisis se basa en la recuperación y adaptación de la teoría de la dependencia de los años sesenta, que originalmente explicaba el subdesarrollo del Sur Global frente al Norte industrializado. En el contexto actual, esta dependencia ya no se mide únicamente en materias primas físicas o exportaciones industriales, sino en la capacidad de procesar datos masivos, generar algoritmos complejos y controlar el desarrollo de la inteligencia artificial.
El dominio de empresas como Amazon, Microsoft y Google no se limita a la simple oferta de servicios en la nube o motores de búsqueda. Según argumenta Rikap, estas corporaciones han construido una infraestructura sistémica que condiciona la economía de países enteros. La dependencia digital se manifiesta cuando los estados y las empresas locales pierden la capacidad de innovar o gestionar su propia información sin pasar necesariamente por los servidores y las patentes de estos gigantes tecnológicos, creando un cuello de botella económico y estratégico.
Los centros de datos, fundamentales para el funcionamiento de la inteligencia artificial moderna, suelen instalarse en países con recursos naturales abundantes o legislaciones laxas. Rikap argumenta que estos centros funcionan de forma autónoma, con su propia seguridad, altos consumos de energía y agua, y una desconexión casi total con el tejido productivo local, similar a cómo operan los enclaves militares. Los beneficios económicos y el conocimiento avanzado fluyen de vuelta a las sedes centrales en Estados Unidos o China, dejando al país anfitrión en una posición de subordinación técnica. Para abordar este desafío, la economista sugiere varios puntos de reflexión:
La propuesta de Rikap invita a repensar la soberanía nacional desde una perspectiva puramente digital. No basta con regular el uso de los datos personales; es necesario cuestionar quién posee la infraestructura física y el conocimiento técnico que permite procesarlos. Sin un cambio profundo en la estructura de dependencia, el Sur Global seguirá siendo un simple espectador del progreso tecnológico ajeno, pagando el precio de una conectividad que no controla y que compromete su futuro económico a largo plazo.