Ciencia
02/06/2026 21:00
Un estudio revela que bacterias y hongos antiguos amenazan la conservación de la momia alpina
Ötzi, el hombre de los hielos, sigue siendo una de las fuentes de información arqueológica más valiosas del mundo desde que su cuerpo fue descubierto accidentalmente por unos montañeros en los Alpes de Ötztal en 1991. Con más de 5.300 años de antigüedad, esta momia natural ha permitido a los científicos reconstruir con una precisión asombrosa la vida en el Calcolítico. Se sabe que Ötzi tenía unos 45 años al morir, que padecía de intolerancia a la lactosa y que fue asesinado por una flecha que le alcanzó la espalda, lo que provocó una hemorragia fatal. Sin embargo, más allá de su fisonomía y su trágico final, un nuevo estudio publicado en la prestigiosa revista Microbiome ha revelado un aspecto fascinante y potencialmente peligroso: el despertar de su vida microscópica. A través de técnicas avanzadas de secuenciación genómica, los investigadores han identificado una vasta comunidad de microorganismos que habitaban en sus tejidos y tracto digestivo, diferenciándolos claramente de los perfiles microbianos que poseen los seres humanos en las sociedades industrializadas contemporáneas.
El estudio no solo se ha limitado a catalogar las bacterias antiguas, sino que ha detectado la presencia de hongos psicrófilos, organismos especializados en sobrevivir a temperaturas extremadamente bajas, que han comenzado a reactivarse miles de años después. Este fenómeno representa una amenaza directa para la integridad física de la momia. A medida que las condiciones ambientales fluctúan, incluso dentro de las cámaras de alta tecnología donde se custodia el cuerpo, estos hongos podrían proliferar y descomponer la materia orgánica que se ha preservado durante cinco milenios. Este descubrimiento ha encendido las alarmas entre los conservadores del Museo de Arqueología del Tirol del Sur, quienes ahora deben enfrentarse a un enemigo invisible y antiguo que amenaza con devorar el objeto de su estudio.
La investigación comparativa entre los microbios de Ötzi y los actuales ofrece lecciones invaluables sobre la evolución de la salud humana. Los resultados muestran que Ötzi poseía una diversidad bacteriana mucho mayor, similar a la observada en poblaciones cazadoras-recolectoras actuales que no han sido expuestas a dietas procesadas ni a tratamientos con antibióticos. Entre los hallazgos más destacados se encuentra la presencia de cepas de Helicobacter pylori, una bacteria vinculada a las úlceras gástricas, que ha permitido a los científicos rastrear las migraciones humanas y la evolución de los patógenos a lo largo de la historia. Además, el análisis revela que su sistema inmunitario estaba adaptado a un entorno radicalmente distinto, donde la exposición constante a parásitos y bacterias naturales moldeaba una respuesta biológica que hoy hemos perdido en gran medida debido a la higiene extrema.
En conclusión, el caso de Ötzi demuestra que la muerte biológica no detiene necesariamente los procesos microscópicos si las condiciones de congelación son las adecuadas. La posibilidad de que organismos antiguos "resuciten" al ser expuestos a nuevas condiciones es un recordatorio de la resiliencia de la vida celular. Para los científicos, el reto ahora no es solo seguir extrayendo datos de los restos de este hombre antiguo, sino desarrollar nuevas tecnologías de biopreservación que impidan que su propio microbioma termine por destruir el cuerpo que lo albergó durante más de cincuenta siglos. Este estudio subraya la necesidad de una vigilancia constante sobre el patrimonio biológico de la humanidad, ya que el pasado, en un sentido muy literal, podría estar volviendo a la vida.