Campo
03/06/2026 20:24
El debate en el Senado reveló discrepancias entre la apertura del mercado y la protección de las pymes industriales.
El debate parlamentario sobre la nueva ley de biocombustibles en Argentina ha tomado un rumbo definitivo tras el respaldo explícito del Gobierno nacional al proyecto presentado por la senadora Patricia Bullrich. En una reciente reunión de la Comisión de Minería, Energía y Combustibles del Senado, se pusieron de manifiesto las marcadas diferencias de visión entre los diversos actores que integran la cadena productiva nacional, abarcando desde las grandes empresas aceiteras hasta las pymes regionales que dependen de este esquema legal. Esta discusión es fundamental para definir el futuro energético del país y su posicionamiento estratégico en el mercado global de energías renovables.
Daniel González, secretario de Coordinación de Energía y Minería, fue el encargado de expresar formalmente el apoyo del Poder Ejecutivo a la iniciativa legislativa de Bullrich. Según el funcionario, este texto legal refleja fielmente la voluntad oficial en la que se ha venido trabajando intensamente durante los últimos dos años con el objetivo de modernizar el marco normativo actual. La propuesta central se basa en fomentar una mayor competencia de mercado mediante la eliminación progresiva de los cupos de producción asignados y un ajuste moderado en los porcentajes de mezcla obligatoria en los combustibles fósiles tradicionales.
Uno de los puntos clave del proyecto es la elevación del corte de bioetanol en las naftas, con el objetivo de pasar del actual 12% a un 15% de manera escalonada. Sin embargo, el Gobierno ha mostrado una firme cautela frente a otras propuestas que circulan en el Congreso, como las que impulsan llevar el biodiésel también al 15%. González advirtió que una medida de tal magnitud en el biodiésel podría encarecer de forma permanente y significativa el precio del gasoil en el mercado interno. Esto tendría un impacto negativo directo en los costos logísticos del transporte de cargas, la competitividad internacional del sector agropecuario y, en última instancia, el bolsillo de los consumidores finales que ya enfrentan una presión inflacionaria considerable.
El debate legislativo no solo aborda cuestiones técnicas de ingeniería química, sino que revela una puja estructural por el modelo de desarrollo industrial del país. Mientras que las grandes empresas refinadoras y las terminales automotrices buscan un marco regulatorio que garantice una transición técnica segura y previsible, las pequeñas y medianas empresas (pymes) productoras de biocombustibles del interior temen que la apertura total del mercado las deje en una posición de extrema vulnerabilidad frente a los grandes jugadores globales. El proyecto alternativo de la senadora Flavia Royón propone un esquema que otorga mayores niveles de protección y previsibilidad para estos sectores regionales, contrastando con la visión liberalizadora que defiende el Ejecutivo nacional.