Familia

02/06/2026 00:30

Santiago Gerchunoff analiza la profesionalización de la crianza y la visión de los hijos como objetos

El filósofo reflexiona sobre la presión de los padres por perfeccionar a sus descendientes en la sociedad actual

Santiago Gerchunoff analiza la profesionalización de la crianza y la visión de los hijos como objetos

En un mercado editorial saturado por manuales de crianza y guías de comportamiento infantil, la obra de Santiago Gerchunoff surge como una necesaria invitación a la pausa y la autocrítica. El filósofo y profesor de Teoría Política en la Universidad Carlos III de Madrid ha publicado recientemente En la era de los niños cosa, un ensayo que disecciona la tendencia actual de convertir la paternidad en una disciplina técnica y profesionalizada. A diferencia de otros autores que pretenden dictar normas de conducta, Gerchunoff propone una mirada profunda sobre cómo hemos transformado el vínculo afectivo en un proceso de mejora constante, similar al mantenimiento de un objeto tecnológico o industrial.

La trampa de la profesionalización en la educación de los hijos

La tesis central del autor gira en torno a la idea de que los padres contemporáneos se sienten obligados a adquirir competencias académicas para ejercer su rol. Esta profesionalización de la maternidad y la paternidad no solo genera una carga de estrés adicional en las familias, sino que altera la naturaleza misma de la relación con los hijos. Según explica Gerchunoff, hemos pasado de una convivencia orgánica a una búsqueda desesperada por dar forma a los mejores hijos posibles, utilizando herramientas que a menudo despojan a los menores de su propia individualidad y espontaneidad.

Los hijos vistos como proyectos de mejora continua

Una de las metáforas más potentes que utiliza el filósofo es la comparación de los descendientes con automóviles a los que se les añaden extras. En la sociedad del rendimiento, parece que cada actividad extraescolar, cada curso de idiomas o cada terapia de estimulación temprana actúa como una mejora técnica en un producto que debe competir en el mercado del futuro. Esta visión conlleva varios riesgos fundamentales que Gerchunoff destaca en su análisis:

  • La deshumanización del vínculo: Al tratar el desarrollo infantil como un proyecto de ingeniería social, se pierde de vista la conexión emocional intrínseca.
  • La ansiedad parental: El miedo a no estar haciendo lo suficiente para optimizar al hijo genera una angustia constante en los progenitores.
  • La pérdida de la infancia: Los niños son sometidos a agendas saturadas que dejan poco espacio para el juego libre o el aburrimiento.

A pesar de la contundencia de sus observaciones, el autor aclara que su intención no es juzgar desde una posición de superioridad moral. Gerchunoff, quien también ejerce como profesor de filosofía en el IES Alameda de Osuna, reconoce habitar dentro de estas mismas dinámicas, lo que le permite hablar desde una incomodidad compartida que resuena con miles de familias actuales. La reflexión que propone no busca ofrecer una nueva guía de pasos a seguir, sino fomentar un cuestionamiento sincero sobre el origen de nuestras exigencias sociales. En última instancia, se trata de recuperar la capacidad de ver a los hijos no como objetos mejorables, sino como seres humanos con sus propios procesos, tiempos y misterios, alejándonos de la obsesión por la perfección técnica que domina la era de la información actual. El desafío reside en aceptar que la crianza es un proceso incierto donde el amor debe prevalecer sobre la eficiencia productiva y los estándares externos del éxito.

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