Economía
17/05/2026 00:01
Los especialistas analizan el alcance del régimen de incentivo para medianas inversiones y sus limitaciones frente al RIGI
El panorama económico actual en Argentina presenta un nuevo desafío y oportunidad para el sector de las pequeñas y medianas empresas con la implementación del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI). Este esquema, que busca fomentar la reactivación productiva, ha generado diversas reacciones entre los industriales y consultores económicos. Aunque se percibe como un paso positivo en la dirección correcta para incentivar la compra de bienes de capital y tecnología, existen voces críticas que señalan que la medida podría quedarse corta frente a las necesidades reales del entramado pyme.
El RIMI tiene como propósito principal mejorar la competitividad de las empresas a través de incentivos tributarios específicos. Entre los beneficios más destacados se encuentran la amortización acelerada en el impuesto a las Ganancias y la devolución anticipada del crédito fiscal del Impuesto al Valor Agregado (IVA). Estas herramientas están diseñadas para aliviar el flujo de caja de las compañías que decidan apostar por la modernización de sus plantas o la expansión de sus capacidades operativas. Sin embargo, la efectividad total del régimen está supeditada a la reglamentación operativa que debe emitir la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). Los empresarios esperan que estas normas aclaratorias simplifiquen los procesos burocráticos que históricamente han frenado el acceso a este tipo de beneficios.
A pesar del entusiasmo inicial, el sector pyme ha manifestado ciertas reservas. Uno de los puntos de fricción más importantes es el monto mínimo de inversión exigido para ingresar al régimen, el cual se sitúa en los 150.000 dólares. Para muchas empresas de menor escala, esta cifra representa una barrera de entrada significativa, especialmente en un contexto de restricción crediticia y volatilidad económica. Además, el plazo de dos años para ejecutar las inversiones, contado desde el pasado 6 de marzo, es percibido por algunos especialistas como demasiado acotado para proyectos de gran envergadura tecnológica que requieren planificación a largo plazo.
Finalmente, el éxito del RIMI dependerá de la estabilidad macroeconómica que permita a las empresas proyectar sus inversiones sin el temor a cambios bruscos en las reglas de juego. Si bien es una señal económica relevante que busca diferenciar el tratamiento para las medianas inversiones, el sector reclama una mayor flexibilidad que permita incluir a un espectro más amplio de contribuyentes, asegurando así que el derrame de la inversión llegue a todos los niveles de la cadena productiva argentina.