Ciencia
16/05/2026 00:30
La importancia de las fibras vegetales y la tecnología textil en la evolución de las sociedades paleolíticas
La historia de la humanidad se ha narrado tradicionalmente a través de materiales duraderos como la piedra o el hueso. Sin embargo, un análisis profundo de las evidencias arqueológicas sugiere que deberíamos considerar el término 'edad de cuerda' para comprender mejor nuestra evolución. Esta perspectiva no solo cambia nuestra visión tecnológica, sino que pone de manifiesto cómo la arqueología clásica ignoró sistemáticamente el trabajo y la innovación de las mujeres prehistóricas. El enfoque tradicional en las herramientas de caza mayor ha dejado de lado inventos de materiales perecederos que fueron incluso más vitales para el progreso social y la supervivencia diaria.
Las fibras vegetales y los cordajes fueron elementos esenciales para la vida humana. A diferencia de las hachas de sílex, las cuerdas y los tejidos se degradan rápidamente, dejando escasos rastros físicos en el registro arqueológico. No obstante, las representaciones artísticas como las famosas Venus paleolíticas ofrecen pistas irrefutables sobre su existencia. En la cueva de Rideaux, ubicada al sur de Francia, se halló una estatuilla de hace aproximadamente 20.000 años que muestra claramente una falda de cuerdas retorcidas. Un hallazgo similar en Gagarino, en la actual Kazajistán, refuerza la idea de que la confección de textiles era una práctica sumamente extendida y técnicamente sofisticada.
El uso de estas fibras permitía a las comunidades prehistóricas fabricar herramientas indispensables para la vida colectiva:
Durante gran parte del siglo XIX y XX, la arqueología estuvo dominada por una visión marcadamente androcéntrica. Los investigadores se centraron prioritariamente en la caza de grandes mamíferos y en la fabricación de herramientas líticas, actividades que tradicionalmente se atribuían a los hombres. Al ser las fibras materiales perecederos y estar asociadas a tareas de recolección y tejido, estos hallazgos fueron relegados a un segundo plano o simplemente ignorados. Este sesgo histórico ha ocultado el hecho de que la tecnología de cuerdas fue, probablemente, más revolucionaria para el desarrollo humano que el tallado de la piedra.
El concepto de la edad de cuerda busca reivindicar estas habilidades técnicas. La producción de hilos y tejidos no era una tarea sencilla; requería un conocimiento profundo de la botánica local, procesos químicos complejos para tratar las fibras y una extraordinaria destreza manual. Al reconocer estos avances, la ciencia moderna devuelve a las mujeres prehistóricas su papel fundamental como ingenieras y diseñadoras clave en la evolución económica de nuestra especie. La arqueología feminista está permitiendo reescribir esta narrativa, demostrando que la supervivencia humana dependió tanto del tejido de redes como del filo de una piedra.