Campo
16/05/2026 11:15
Una emprendedora que cambió el ruido de la ciudad por la cría de caballos Cuarto de Milla en Junín de los Andes
En el vasto y desafiante escenario de la estepa patagónica, donde el viento peina los pastos amarillentos y el horizonte parece no tener fin, Celina Cabezas ha logrado forjar un destino que comenzó a gestarse mucho antes de su llegada definitiva al sur. Cerca de Junín de los Andes, en la emblemática estancia Alinco, la emprendedora contempla diariamente a sus caballos Cuarto de Milla mientras atraviesan los mallines. Esta imagen cotidiana resume una vida dedicada íntegramente al amor por el campo, la naturaleza y el respeto por los animales.
A diferencia de la mayoría de los niños que sueñan con parques de diversiones temáticos o viajes al exterior, los anhelos de Celina siempre estuvieron profundamente ligados a la tierra y a las tradiciones rurales. "Disney no me interesaba", recuerda con firmeza al evocar su infancia en Buenos Aires. Mientras sus pares hablaban de personajes de fantasía, ella solo contaba los días para regresar a los campos familiares ubicados en Cañuelas o Pehuajó. Fue precisamente en la estancia La Agustina donde entabló una relación estrecha con los caballos, transformándolos en sus mejores amigos y confidentes durante cada una de sus vacaciones escolares.
El paso del tiempo no diluyó su pasión original, sino que la profesionalizó y la convirtió en un modelo de negocio sostenible. Aquella niña que prefería arrear hacienda antes que jugar en la ciudad, hoy lidera un proyecto exitoso que combina la cría de equinos con la vida en la naturaleza virgen de la Patagonia argentina. Su mudanza al sur no fue una decisión azarosa, sino la búsqueda deliberada de un paisaje que reflejara su estado de ánimo y permitiera el desarrollo de sus ambiciones personales y profesionales.
La rutina diaria de Celina está marcada por los ciclos de la naturaleza y los desafíos constantes que impone el riguroso clima patagónico:
"Aunque llueva o no llueva, esto sigue siendo una belleza igual", confiesa Celina a LA NACION, destacando cómo el otoño transforma los colores de la estepa en un espectáculo visual impresionante que justifica cualquier esfuerzo. Su historia es un testimonio de autenticidad en un mundo cada vez más desconectado de lo natural. Para ella, los caballos fueron el puente necesario para construir un emprendimiento que no solo es rentable, sino que le otorga una plenitud personal inalcanzable en el entorno urbano. Su imaginación, que de niña giraba exclusivamente en torno a la vida rural, hoy se materializa en un proyecto de vida que inspira a quienes buscan volver a las raíces y encontrar el éxito en la sencillez y el trabajo constante del campo argentino.