Deporte
10/05/2026 12:44
El volante central xeneize fue el centro de las miradas en una noche para el olvido en la Bombonera
La derrota de Boca Juniors ante Huracán en la Bombonera dejó un sabor amargo en el mundo xeneize. En el centro de la escena se encontró Leandro Paredes, cuya imagen al final del encuentro se volvió viral rápidamente en las redes sociales. El volante central, que regresó al club de sus amores con la ilusión de pelear todos los frentes, mostró un rostro que reflejaba la frustración de todo el plantel tras quedar fuera de la lucha por el torneo Apertura. Durante los noventa minutos, el mediocampista intentó ser el eje del equipo, pero la presión de Huracán y la falta de claridad colectiva terminaron opacando su rendimiento individual.
Para Boca Juniors, este resultado representa un golpe anímico difícil de digerir. El equipo no logró encontrar los caminos para romper el bloque defensivo propuesto por el rival, y los errores en la salida fueron determinantes para el desenlace del marcador. La figura de Leandro Paredes es fundamental en este esquema, no solo por su calidad técnica sino por lo que representa para el vestuario. Sin embargo, en noches como esta, ni siquiera su jerarquía internacional fue suficiente para cambiar el destino de un partido que se presentó adverso desde el comienzo.
El planteo táctico de Huracán fue impecable, cerrando los espacios y aprovechando las transiciones rápidas. Boca, por su parte, mostró una faceta dubitativa, con dificultades para generar situaciones de gol claras. Los hinchas, que colmaron el estadio como es costumbre, pasaron del aliento constante a la preocupación al ver cómo los minutos se consumían sin una reacción efectiva del equipo local. La comparación con otras noches difíciles desde la vuelta del mediocampista es inevitable, ya que se esperaba que su presencia elevara el nivel general del grupo de manera inmediata.
A pesar del resultado adverso, Leandro Paredes se mantuvo en el campo hasta el último minuto, pidiendo la pelota y tratando de organizar un ataque que nunca terminó de cuajar. Su compromiso con la camiseta no está en duda, pero la realidad futbolística del equipo hoy lo deja en una posición solitaria. Tras el pitazo final, se lo vio sentado en el césped, con la mirada perdida, una imagen que sintetiza el presente de un Boca que debe reinventarse rápidamente si pretende volver a los primeros planos del fútbol argentino. La autocrítica será fundamental en los próximos entrenamientos, ya que el calendario no da tregua y la exigencia de la hinchada se hace sentir cada vez más fuerte en cada rincón del club.