Familia
04/05/2026 00:30
Expertos advierten sobre la pérdida de capacidad creativa en los niños debido al consumo excesivo de tecnología y la falta de lectura
La relación actual de los niños y adolescentes con la imaginación se encuentra en un momento crítico. En diversos círculos sociales, que incluyen a padres, docentes, psicólogos y profesionales del sector editorial, se ha encendido una señal de alarma ante una tendencia preocupante: los menores parecen estar perdiendo la capacidad de proyectar escenarios nuevos de forma autónoma. Este fenómeno no es casual, sino que responde a un cambio profundo en los hábitos de ocio y aprendizaje, marcado principalmente por el uso excesivo de dispositivos móviles y la paulatina sustitución de la lectura profunda por el consumo de estímulos visuales inmediatos que saturan el cerebro sin dejar espacio a la creación propia.
Uno de los testimonios más relevantes sobre este tema proviene de Jorge Corrales, reconocido escritor y profesor de la Escuela de Escritores. Corrales utilizó sus redes sociales para compartir una reflexión que rápidamente se volvió viral, acumulando cientos de miles de visualizaciones. Tras diversos encuentros con editores y profesionales de la literatura, el autor concluyó que existe una dificultad creciente en las nuevas generaciones para desarrollar relatos originales. La saturación de imágenes prefabricadas que ofrecen las redes sociales y los videojuegos impide que el cerebro realice el esfuerzo necesario para construir imágenes propias desde cero, afectando la narrativa personal de los jóvenes.
El problema reside, en gran medida, en la naturaleza del estímulo digital. Mientras que un libro requiere que el lector interprete palabras para visualizar un bosque, un personaje o un conflicto, la pantalla entrega la imagen ya terminada y en alta definición. Este procesamiento pasivo debilita el "músculo" de la invención. Si un niño no necesita imaginar nada porque todo se le da visualmente procesado, su capacidad para resolver problemas de forma creativa o para proyectar realidades alternativas se ve seriamente comprometida. Además, la falta de aburrimiento, ese espacio en blanco donde históricamente surgía la chispa de la creación, ha desaparecido en favor de una conexión constante al flujo digital.
Para contrarrestar esta situación, es fundamental que las familias y educadores retomen ciertas prácticas esenciales que fomenten el desarrollo cognitivo y artístico de los menores:
En conclusión, la imaginación no es solo un recurso para el entretenimiento; es una herramienta vital para la empatía, la planificación del futuro y la innovación social. Si no protegemos este espacio de libertad mental frente a la invasión tecnológica desmedida, corremos el riesgo de criar generaciones dependientes de estímulos externos, con una menor aptitud para transformar el mundo que les rodea a través de sus propias ideas y visiones originales.