Exterior
03/05/2026 00:30
Nicolás Maduro hijo relata cómo transcurren los días del exmandatario venezolano tras su captura
La historia de Venezuela dio un giro radical aquella madrugada del 3 de enero, cuando los bombardeos sobre Caracas marcaron el inicio del fin para el régimen de Nicolás Maduro. En medio del caos, el mandatario tuvo tiempo de grabar un último mensaje de voz dirigido a su hijo, conocido popularmente como "Nicolasito". Aunque el audio aún permanece bajo reserva familiar, el joven ha compartido algunas de las frases que definieron ese momento de despedida. En la grabación, Maduro instaba a su descendiente a mantener la lucha por la patria, convencido de que su muerte era inminente bajo el fuego de las fuerzas atacantes. Hoy, cuatro meses después de aquellos sucesos, la realidad es muy distinta a la que ambos imaginaron en aquel búnker.
Actualmente, el exmandatario venezolano se encuentra recluido en un centro penitenciario de Estados Unidos, enfrentando un proceso legal que ha captado la atención del mundo entero. Según relata su hijo en una entrevista exclusiva para EL PAÍS, la vida de su padre ha pasado de los palacios presidenciales a la austeridad absoluta de una celda federal. Nicolás Maduro dedica gran parte de su tiempo a la lectura de la Biblia, buscando refugio en la espiritualidad tras el colapso total de su gobierno y su estructura de poder. Esta faceta religiosa, aunque sorprendente para muchos analistas, se ha convertido en el pilar fundamental de su resistencia emocional en cautiverio.
Además del estudio profundo de las sagradas escrituras, el intercambio de libros se ha vuelto una práctica habitual entre él y otros internos del recinto. Maduro busca mantener su mente activa a través de diversas lecturas, aunque sus preferencias se mantienen dentro de un círculo restringido de temas históricos y políticos. Sin embargo, no todo es introspección y estudio en su nueva realidad. Su hijo revela que el carácter del expresidente sigue aflorando ante pasiones cotidianas que no han muerto a pesar de las rejas. Entre ellas destaca su afición por el fútbol, específicamente su lealtad incondicional al FC Barcelona.
La frustración de Maduro se hace evidente cada vez que el equipo catalán atraviesa dificultades en el campo de juego, mostrando que sus emociones aún están ligadas a intereses externos. Este detalle humano ofrece una perspectiva inusual sobre el hombre que gobernó Venezuela durante años con mano de hierro. A pesar de la gravedad extrema de los cargos federales que enfrenta, su hijo insiste en que mantiene la moral alta, apoyado en sus convicciones y en el seguimiento constante de las noticias que le llegan desde el exterior del penal. El futuro legal de Maduro es incierto y complejo, pero su vida cotidiana en prisión parece estar marcada por un intento de redención personal a través de la fe y el mantenimiento de pequeñas rutinas que lo conectan emocionalmente con el mundo que dejó atrás de manera abrupta.