Exterior
03/05/2026 00:40
El economista jefe de la FAO alerta sobre el impacto de la escasez de fertilizantes y el encarecimiento del transporte
La parálisis prolongada del estrecho de Ormuz no solo está afectando a los depósitos de combustible de los automóviles y a las calefacciones domésticas, sino que está amenazando de manera directa y severa la seguridad alimentaria de todo el planeta. En una reciente y extensa entrevista por videollamada, Máximo Torero, quien ocupa el cargo de economista jefe en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), ha puesto de manifiesto la gravedad de la situación actual. Según el experto de origen peruano, el mundo se encuentra en una trayectoria sumamente peligrosa hacia una crisis de suministros básicos sin parangón si no se logra restaurar el tránsito comercial en el golfo Pérsico de manera urgente y segura.
El doble cierre del estrecho, provocado por las tensiones entre las potencias regionales y las sanciones internacionales, ha golpeado con especial dureza a dos sectores que son pilares fundamentales de la civilización moderna: el transporte de mercancías y la industria agroalimentaria. Torero subraya que el sistema de alimentación mundial es extremadamente sensible a cualquier fluctuación en el mercado energético. La dependencia absoluta del diésel y los fertilizantes coloca a los productores agrícolas de todos los continentes en una posición de vulnerabilidad extrema, ya que gran parte de los componentes químicos necesarios para la fertilización del suelo provienen precisamente de esta región hoy bloqueada.
Entre los efectos más preocupantes identificados por la FAO, se encuentran los siguientes factores de riesgo:
A pesar de la alarma generalizada que recorre los mercados, Máximo Torero prefiere mantener cierta cautela analítica respecto a las predicciones más apocalípticas. Aunque niega que el mundo se encuentre ya en el umbral de una gran hambruna global inminente, sí avisa con firmeza de que las curvas de precios y la disponibilidad de productos de primera necesidad serán extremadamente difíciles de gestionar en los próximos meses. El sistema actual está sobreviviendo gracias al consumo de las existencias acumuladas, pero la falta de fertilizantes impactará de forma inevitable en la productividad de las próximas cosechas de verano e invierno. El economista recalca que la solución no es solo técnica o logística, sino que requiere una voluntad política internacional para distensionar el conflicto y evitar que los países más pobres paguen el precio más alto de esta crisis geopolítica.