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03/05/2026 03:00

Cultivo de algas en Santa Cruz: una innovación para el sector agropecuario

La producción de macroalgas en el mar patagónico busca transformar la industria de los bioinsumos

Cultivo de algas en Santa Cruz: una innovación para el sector agropecuario

En las gélidas aguas de Puerto San Julián, en la provincia de Santa Cruz, se está gestando una revolución productiva que une el ecosistema marino con la productividad del campo argentino. Un innovador proyecto de cultivo de macroalgas ha logrado su primera cosecha exitosa, marcando un hito en la creación de una nueva cadena de valor basada en recursos oceánicos sostenibles. La iniciativa, impulsada por la Fundación Por el Mar, se centra en la especie Macrocystis pyrifera, popularmente conocida como cachiyuyo, una planta acuática con propiedades biológicas excepcionales que prometen transformar el mercado de los bioinsumos agrícolas.

El potencial de las granjas marinas y la sostenibilidad

A diferencia de la recolección tradicional, este modelo propone el cultivo controlado en granjas marinas, lo que permite escalar la producción sin poner en riesgo los bosques naturales de algas que son vitales para la biodiversidad del Atlántico Sur. Según explicaron los responsables del proyecto, el objetivo principal es doble: proteger los ecosistemas de Santa Cruz y Tierra del Fuego mientras se genera una alternativa económica de alto impacto. La siembra en el mar se gestiona bajo estrictos estándares ambientales, asegurando que el recurso sea renovable y no extractivo, preservando así su función como sumidero de carbono y refugio de especies marinas.

  • Innovación biotecnológica: Las algas se transforman en bioestimulantes que mejoran el rendimiento de los cultivos terrestres de manera orgánica.
  • Conservación activa: El cultivo controlado evita la deforestación de los bosques de algas naturales, esenciales para la salud del océano.
  • Desarrollo regional: El proyecto fomenta nuevas fuentes de empleo y conocimiento técnico en las comunidades costeras de la Patagonia.

Mariano Bertinat, coordinador de la fundación en Santa Cruz, destacó que el aprovechamiento de estas macroalgas como bioestimulantes es una tendencia creciente a nivel mundial. Estos productos permiten a los productores agropecuarios reducir la dependencia de fertilizantes químicos, mejorando la resistencia de las plantas al estrés hídrico y optimizando la absorción de nutrientes del suelo. El éxito de esta prueba piloto en Puerto San Julián abre la puerta a una escala industrial que podría posicionar a la Argentina como un referente en la producción de insumos biológicos derivados del mar, integrando definitivamente la riqueza oceánica con la tradición agrícola del país.

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