Ciencia

01/05/2026 00:30

El legado de Jesús Sebastián Audina en la integración científica iberoamericana

Fallece el investigador que transformó la cooperación entre España y América Latina en un motor de desarrollo regional

El legado de Jesús Sebastián Audina en la integración científica iberoamericana

La comunidad científica internacional lamenta la pérdida de Jesús Sebastián Audina, un hombre cuya visión trascendió los laboratorios para construir puentes de conocimiento a través del Atlántico. Su fallecimiento en Madrid el pasado 25 de abril marca el fin de una era en la diplomacia científica española, especialmente en su relación con las naciones latinoamericanas. Audina entendió que el progreso científico no es un esfuerzo aislado, sino una construcción colectiva basada en la cooperación y el respeto mutuo entre regiones.

Un cambio de rumbo hacia la gestión del conocimiento

Aunque comenzó su carrera como un investigador dedicado a la bioquímica, la segunda mitad de su vida profesional estuvo marcada por una profunda vocación de servicio público y gestión institucional. Su paso por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) fue determinante para modernizar las estructuras de colaboración exterior. Audina no se limitó a administrar recursos, sino que diseñó estrategias para que el talento científico de Latinoamérica pudiera integrarse de manera efectiva con los centros europeos.

  • Impulso al Programa CYTED: Su labor fue fundamental para fortalecer el Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo.
  • Redes de investigación: Fomentó la creación de consorcios que permitieron a miles de investigadores compartir laboratorios y publicaciones.
  • Formación de cuadros: Facilitó el acceso de jóvenes científicos latinoamericanos a programas de doctorado y estancias postdoctorales.

La ciencia como herramienta de desarrollo regional

Jesús Sebastián Audina defendía la idea de que la ciencia no es un lujo de los países desarrollados, sino una herramienta indispensable para que los países en desarrollo alcancen su autonomía económica y social. Su trabajo se centró en identificar las áreas donde la colaboración podía tener un impacto real, desde la agricultura hasta la salud pública y las energías renovables. Creía firmemente en el concepto de espacio iberoamericano del conocimiento como una realidad tangible y necesaria.

Su legado reside en las miles de colaboraciones que siguen activas hoy en día gracias a los marcos institucionales que él ayudó a erigir. Los colegas que trabajaron con él lo describen como una persona de una generosidad intelectual inmensa, capaz de escuchar y entender las necesidades específicas de cada país. En un mundo cada vez más fragmentado, la figura de Audina destaca como un ejemplo de cómo la ciencia puede ser el lenguaje común que una a los pueblos en la búsqueda de un futuro mejor y más equitativo.

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