Campo
01/05/2026 14:32
Graciela Ortíz recuperó una tradición familiar de décadas y ya comercializa el grano en locales propios de especialidad
En la espesura indómita de la selva de Salta, una mujer de 66 años llamada Graciela Ortíz ha logrado lo que muchos consideraban una misión imposible: revivir la producción del primer café genuinamente argentino. Ubicada en el límite geográfico con Bolivia, en una región donde la maleza persistente y las crecidas periódicas de los ríos suelen devorar cualquier intento de cultivo, Ortíz y sus cuatro hijos han logrado rescatar una historia productiva que permaneció oculta por décadas. La emprendedora, nacida en Jujuy pero arraigada en el ramal salteño, recuperó un legado que se remonta a más de cincuenta años, cuando sus padres formaron parte de un ambicioso plan cafetero nacional que buscaba sustituir importaciones y fomentar la soberanía alimentaria en el norte del país.
La trayectoria de Café Baritú no es solo un éxito agrícola, sino un ejemplo de resiliencia empresarial. Graciela, quien cuenta con formación en Administración y Gestión Hotelera, decidió abandonar su carrera previa para volcarse por completo al desarrollo de este proyecto en la zona de Aguas Blancas y el río Bermejo. Tras años de esfuerzo constante para limpiar los campos abandonados y recuperar las plantas originales, hoy gestiona una cadena de valor integrada. Actualmente, su empresa opera dos cafeterías de especialidad en Salta y Jujuy, donde se sirve el grano que ella misma cultiva y procesa. Esta estrategia de llevar el producto directo del campo a la mesa permite eliminar a los intermediarios, asegurando que el valor agregado permanezca en el origen y haciendo que el negocio sea sostenible a largo plazo.
Este emprendimiento es considerado por sus creadores como el verdadero primer café de la Argentina, destacándose por su pureza y su adaptación al microclima de las yungas. La calidad excepcional del grano ha permitido que se posicione rápidamente en un mercado cada vez más exigente. Los pilares fundamentales de esta iniciativa incluyen:
La exitosa reactivación de este cultivo representa un hito fundamental para el sector agroindustrial de la región, que tradicionalmente ha estado enfocado en otros cultivos como la banana o el tomate. Al demostrar que es técnicamente posible y comercialmente viable producir café de alta calidad en suelo argentino, Ortíz no solo rinde homenaje a sus antepasados, sino que proyecta un nuevo horizonte para la diversificación productiva del norte. Su historia se ha convertido en una fuente de inspiración para nuevos emprendedores que buscan en el pasado las claves para innovar en el presente, demostrando que con persistencia y visión se pueden vencer los obstáculos naturales y económicos más severos.