Campo
30/04/2026 21:17
Los márgenes del sector se encuentran significativamente por debajo del promedio histórico de los últimos ocho años pese al volumen de producción.
El sector agropecuario argentino atraviesa un escenario de contrastes profundos. Mientras las proyecciones indican que la producción de soja y maíz superará las 110 millones de toneladas, marcando una cifra histórica para la economía nacional, la realidad financiera de los productores cuenta una historia muy diferente. Un reciente informe elaborado por el Ieral, de la Fundación Mediterránea, pone de manifiesto un deterioro evidente en la rentabilidad del negocio agrícola, señalando que los márgenes operativos actuales se sitúan considerablemente por debajo de la media registrada en los últimos ocho años. Esta situación plantea un desafío crítico para el desarrollo de la próxima campaña, dado que el aumento en los volúmenes producidos no se traduce automáticamente en una mejora de la salud financiera de las explotaciones rurales.
La investigación detallada del Ieral, que abarca el período comprendido entre enero de 2018 y marzo de 2026, revela que los márgenes por hectárea han sufrido una reducción drástica. Específicamente, los resultados económicos se ubican entre 140 y 190 dólares por hectárea por debajo del promedio del septenio anterior. Esta caída no responde a un único factor, sino a una combinación de variables macroeconómicas y sectoriales que actúan en simultáneo. Entre diciembre de 2025 y marzo de 2026, los ingresos reales medidos en dólares retrocedieron un 2%, mientras que los costos de producción experimentaron un incremento de entre el 6% y el 8%. Esta brecha negativa erosiona la capacidad de reinversión del productor y pone en jaque la sostenibilidad de los campos arrendados, que representan una gran proporción de la superficie sembrada en Argentina.
Frente a este panorama, entidades como Coninagro han expresado su preocupación, advirtiendo que la suba de costos operativos está asfixiando la competitividad. En particular, la organización ha propuesto de manera formal una reducción inmediata de los derechos de exportación para el trigo como una medida paliativa para compensar el impacto del encarecimiento de los insumos básicos. Los analistas coinciden en que el éxito de una cosecha no debe medirse únicamente por las toneladas recolectadas, sino por la capacidad del productor de generar excedentes que permitan modernizar la maquinaria y asegurar la rotación de cultivos necesaria para la conservación del suelo.