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Ilustración

Había una vez un pequeño conejo llamado Oliver. Oliver no era un conejo común; llevaba siempre una capa de seda violeta que brillaba bajo el sol y sostenía con orgullo una pequeña varita de madera de sauce. Un día, mientras exploraba el borde del prado, descubrió un sendero oculto por flores que cambiaban de color mágicamente. Lleno de curiosidad, Oliver decidió seguir el camino hacia el misterioso Bosque de los Deseos, un lugar donde la magia flotaba en el aire como polvo de estrellas, esperando a ser descubierta por un viajero de buen corazón.