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Ilustración

Había una vez un pequeño astronauta llamado Leo con un traje espacial blanco brillante, un casco con visor dorado y una mochila con propulsores azules. Leo vivía en una pequeña estación espacial cerca de la Luna. Una mañana, mientras revisaba sus mapas de estrellas, notó un destello inusual que cruzaba el cielo. ¡Era el legendario Cometa de los Colores! Sin dudarlo, Leo saltó a su nave espacial redonda y encendió los motores. '¡Hoy será una gran aventura!', exclamó mientras se ajustaba los guantes. Su misión era seguir el rastro de purpurina cósmica que el cometa dejaba a su paso por la galaxia, un rastro que prometía llevarlo a lugares donde ningún niño había llegado antes.