Sparky era un pequeño robot plateado con una antena roja brillante y ojos grandes de cristal azul. Vivía en un taller lleno de herramientas, pero siempre miraba al cielo nocturno con mucha curiosidad. Una tarde, decidió que quería probar la luna, pues estaba convencido de que era de queso. Con tres cajas de cartón, un poco de pegamento y mucha cinta adhesiva, construyó un cohete en su jardín mientras las flores mecánicas lo observaban con asombro.