Sparky era un pequeño dragón de color turquesa con alas de color naranja brillante y una bufanda de lana roja. Vivía en una cueva acogedora, pero tenía un problema: cuando intentaba escupir fuego, solo salían burbujas transparentes y brillantes. Sus hermanos mayores lanzaban llamaradas gigantescas, pero Sparky solo lograba llenar el aire de esferas de jabón que flotaban suavemente. Se sentía muy triste y pensaba que nunca sería un dragón de verdad. Cada mañana, practicaba frente al espejo, respirando hondo y apretando los dientes, pero el resultado siempre era el mismo: ¡Plop, plop, plop! Burbujas por todas partes.