Había una vez un pequeño conejo blanco llamado Barnaby que siempre miraba el cielo nocturno desde su pradera. Mientras sus hermanos buscaban zanahorias bajo tierra, él soñaba con tocar las luces que titilaban en la oscuridad. Con determinación, Barnaby construyó un cohete usando madera de roble, pegamento de resina y mucha imaginación. '¡Llegaré a las estrellas!', se prometió mientras se ajustaba su casco especial y se preparaba para la gran aventura.