Había una vez un pequeño ardilla llamado Nico, con pelaje color canela y una bufanda roja a rayas blancas, que vivía en el bosque de los Robles Altos. Mientras sus amigos recolectaban avellanas para el invierno, Nico pasaba las noches mirando hacia arriba. Él no quería simples nueces de árbol; él soñaba con la gran nuez blanca que brillaba en el cielo: la Luna. Convencido de que debía probar un trocito de aquel tesoro celestial, Nico decidió que ese sería el invierno en que finalmente viajaría al espacio.