Había una vez una pequeña coneja blanca con un traje espacial plateado y orejas largas que sobresalen llamada Copito. Vivía en una tranquila granja de zanahorias lunares. Una noche, mientras caminaba por los cráteres, encontró algo inusual: una pequeña estrella caída que brillaba muy débilmente. La estrella parecía triste y agotada, como una linterna sin pilas. Copito la recogió con ternura y sintió un suave calorcito. Sabía que si no hacía algo pronto, la luz de la estrella se apagaría para siempre, dejando su rincón del universo en una oscuridad total.