Había una vez un pequeño astronauta llamado Leo. Leo vivía en una casita con un gran telescopio en el jardín. Su mayor sueño era visitar la Luna, porque estaba convencido de que olía a queso cheddar y mantequilla. Una noche despejada, se ajustó su traje espacial plateado con un casco transparente y un parche de estrella dorada brillante en el pecho, y subió a su nave mágica hecha de cartón y mucha imaginación.