Había una vez un pequeño zorro de pelaje naranja brillante con una punta blanca en la cola y una bufanda verde esmeralda que vivía bajo un gran roble. Un día, al despertar, notó algo extraño: el río que siempre cantaba estaba en total silencio. Preocupado por la sed de sus amigos del bosque, el zorrito decidió investigar qué ocurría siguiendo el cauce seco hacia la montaña.