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Ilustración

Había una vez una pequeña coneja blanca con una capa violeta y una varita de cristal llamada Luna. Un día, mientras buscaba tréboles detrás de su casa, Luna descubrió una puerta de madera diminuta escondida entre las raíces de un sauce antiguo. La puerta brillaba con un suave color dorado. Con mucha curiosidad, Luna agitó su varita y la puerta se abrió de par en par, revelando un camino hecho de pétalos de flores que parecía conducir a otro mundo.