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Ilustración

En un planeta lejano y plateado vivía Órbita, un pequeño robot redondo de color turquesa con una antena brillante que parpadeaba. Órbita pasaba sus días recolectando rocas espaciales y soñando con ver qué había más allá de las nubes de polvo cósmico. Una mañana, mientras limpiaba sus circuitos, su antena comenzó a brillar con una intensidad inusual. Un mapa estelar holográfico apareció frente a sus ojos mecánicos, señalando una ruta hacia el legendario Cometa de Caramelo. Sin dudarlo, Órbita ajustó sus tuercas, cargó sus baterías al máximo y se preparó para la aventura más grande de su vida metálica. El espacio lo esperaba con sus infinitos misterios y estrellas tintineantes.