En el corazón del Bosque de los Susurros vivía Nuez, una ardilla pequeña con una bufanda roja y una gorra verde de lana. Mientras todas las demás ardillas pasaban el día compitiendo por ver quién guardaba más bellotas para el invierno, Nuez prefería sentarse en silencio a observar cómo se abrían los pétalos de las margaritas. Ella no quería ser la más rápida ni la más fuerte; su mayor deseo era convertirse en la primera jardinera del bosque y llenar cada rincón de colores brillantes.