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Ilustración

Luna no era una máquina común. En su pecho guardaba un motor que latía con curiosidad. Un día, mientras limpiaba el viejo ático del abuelo Inventor, encontró un mapa que no mostraba calles ni montañas, sino constelaciones de dulce. El mapa brillaba con un suave tono lavanda y señalaba el camino hacia la Galaxia de Azúcar. Una pequeña robot plateada con una antena de corazón brillante y ojos de color turquesa sabía que su destino estaba entre los planetas de gominola.