Había una vez un pequeño dragón de color verde esmeralda con una bufanda roja de rayas blancas llamado Draco. A diferencia de los otros dragones de su montaña que lanzaban grandes llamaradas de fuego naranja, Draco solo podía soltar pequeñas chispas grises y un poco de humo. Él se sentía triste porque quería ser tan imponente como sus hermanos, pero su fuego simplemente no quería despertar por más que soplara con fuerza.