Había una vez una pequeña ardilla de pelaje rojo brillante con una bufanda de lana verde esmeralda llamada Sparky. Sparky vivía en el roble más alto del bosque, pero sus ojos siempre estaban puestos en el cielo. Cada noche, observaba la luna con curiosidad, preguntándose si sería tan suave como una nube o tan crujiente como una deliciosa avellana gigante.