Había una vez un pequeño dragón verde esmeralda con alas de cristal brillante llamado Spark. Spark no era como los otros dragones; no le interesaba guardar oro ni escupir fuego. Él pasaba todas sus noches sentado en el pico más alto de la Montaña Sombría, mirando hacia el cielo. Su mayor deseo era volar tan alto que pudiera acariciar la superficie de la gran Luna plateada que iluminaba su hogar. Sus amigos los búhos le decían que era imposible, pero Spark solo sonreía mientras sus alas de cristal reflejaban la luz de las estrellas.