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Ilustración

En un rincón muy lejano del universo vivía Sparky, un pequeño robot plateado con ojos redondos de color azul brillante y una pequeña antena roja en su cabeza. Sparky habitaba un asteroide gris y silencioso donde no crecía nada. Se pasaba los días observando las estrellas, deseando que su hogar fuera tan colorido como las galaxias que veía a lo lejos. Un día, mientras limpiaba el polvo cósmico, encontró algo enterrado en el suelo: era una pequeña semilla dorada que brillaba con una luz tenue. Sparky nunca había visto una planta, pero sintió en sus circuitos que aquel tesoro era especial.