Había una vez un pequeño dragón de color verde esmeralda con una bufanda de lana roja que vivía en la cima de la Montaña Helada. A diferencia de sus hermanos, él no podía lanzar fuego. Por más que soplaba y soplaba, de su boca solo salían burbujas transparentes que flotaban en el aire frío. Se sentía muy triste porque quería calentar su cueva y compartir historias junto a una fogata.