Había una vez un pequeño dragón de escamas verdes brillantes y alas de color naranja fuego llamado Leo. A diferencia de sus hermanos, cuando Leo abría la boca para lanzar llamaradas, solo salían burbujas de jabón de mil colores que flotaban suavemente por el aire. Leo se sentía muy triste porque pensaba que nunca sería un dragón de verdad. Sus amigos intentaban consolarlo, pero él soñaba con ser útil para su aldea. Un día, decidió emprender un viaje hacia el Bosque de Cristal para buscar a la Gran Sabia, una anciana lechuza que conocía todos los secretos de la magia antigua.