Había una vez un pequeño dragón de color esmeralda con alas de cristal llamado Sparky. A diferencia de sus hermanos, Sparky no podía escupir fuego; de su boca solo salían hermosas burbujas de colores que flotaban suavemente en el aire. Sus amigos dragones se reían un poco, pero Sparky soñaba con encontrar la Cueva de los Deseos para pedir un fuego poderoso y ser como los demás. Una mañana, decidió emprender el viaje hacia las Montañas de Nácar, llevando solo su valentía y sus alas brillantes.